miércoles, 15 de septiembre de 2010

EL MARGINADO

Se despierta el niño
atragantado con la miseria
y escupe al viento
sabores repugnantes
de la desidia humana
le parece indigesta
la indiferencia del mundo
y corre presuroso
por las venas abiertas
que esta vida inmerecida
le ofrece a cada segundo
asegurándole un lugar,
casi irreparable.
Corre el niño sin pausa,
sin saber a dónde va,
como un siervo entre sus rejas
mide el tiempo y su realidad.
desespera-desvanece-
y el deseo inconfundible
de llegar a la razón:
¿Quién produce la equimosis
de este rostro febril?
Sigue el niño por la vida
pero ya no está solo,
lo acompaña la ignominia
de tantos fariseos
que destinan su lugar,
el perfecto sin dudar.
Llega el niño sin aliento
acabando su desdicha,
ya agotado y en su tumba
escribe su epitafio final:
´´Aquí yace la marginalidad´´
Sonríe y amanece
porque es su naturalidad
él no sabe de odios,
él no sabe de venganzas
y en su utópico universo
sólo sabe despertar.
          SUSANA RAQUEL CIPOLLETTI.

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